El diseño en la cultura de la inmediatez
Hoy somos víctimas de un ritmo que limita la mirada y el sentido creativo. La velocidad del día a día nos hace pasar por alto la necesidad de plantearnos el diseño con un trasfondo estratégico, olvidando que éste es parte de un proceso complejo que no puede ni debe ser aislado.
Las marcas son proyectos complejos, y las piezas que de ellas se desprenden no son caprichosas ni cosméticas.
Desde su nacimiento, las técnicas, formas de producción y resultados estéticos del diseño gráfico han atravesado distintas etapas. El mundo ha sido testigo de periodos más ornamentales, como el “Art Noveau” o el “Art Decó”, y de otros más revolucionarios, racionales y eficientes, como la Bauhaus o la Ulm.
Pero a partir de la Revolución Industrial, y como consecuencia de una necesidad comercial de comunicación asociada a la estética de las vanguardias y otros movimientos del siglo XX, el diseño gráfico se inscribe en un marco artesanal y autodidacta, que con los años se ha ido profesionalizando, fundamentando y formalizando.
Desde sus orígenes, este oficio siempre necesitó un tiempo holgado de producción. Sin embargo, con el correr del tiempo y la evolución de las herramientas de trabajo, los períodos de realización se han ido acortando. El problema es que hoy nos asecha una cultura de la inmediatez, que nos exige plazos que poco tienen que ver con la real evaluación, proyección y planeamiento estratégico de un proyecto serio y dimensionado en sus reales proporciones.
Hoy somos víctimas de un ritmo desenfrenado, que limita la mirada y el sentido creativo. La velocidad del día a día nos hace pasar por alto la necesidad de plantearnos el diseño con un trasfondo estratégico, olvidando que éste es parte de un proceso complejo que no puede ni debe ser aislado. En definitiva, corremos tras la perfección de piezas que ni siquiera sabemos si son apropiadas para nuestras audiencias.
Las marcas son proyectos complejos, y las piezas que de ellas se desprenden no son caprichosas ni cosméticas. Incluso los nuevos modelos de comunicación, que tienen un formato de inmediatez, deben ser planificados con una conciencia estratégica a largo plazo.
Recientemente Latinoamérica ha entrado en este proceso de conocimiento de los mecanismos del diseño. De a poco estamos comprendiendo que diseñar no es “hacer dibujitos”, sino que implica también “Comunicar” un mensaje. Qué sería de Nueva York sin el mítico logo de Milton Glaser o de las marcas que llevan la manzana o el cocodrilo, que son reconocidas con sólo una imagen. Sin la connotación que logra el diseño, las marcas no serían lo mismo.
Hoy el diseño corre tras nosotros y nosotros nos movemos a su ritmo. Por eso, es tiempo de detenernos a observar, de ver cómo el mundo evoluciona y de entender que somos protagonistas de este progreso. Por eso debemos darnos el tiempo de generar una comunicación consistente, que nos inunde de nuevas miradas, de nuevos lazos, de nuevas ganas y de nuevas fuerzas creativas.
