May 11, 2011

Patagonia con represas

El malestar social desatado por la aprobación de HidroAysén no pasa por argumentos racionales o económicos, sino porque este proyecto destruye la imaginería colectiva de lo que representa la Patagonia para todos los chilenos: libertad, naturaleza, aventuras.


La noticia no sorprendió. Pocas personas dudaban de que la iniciativa ambiental fuera aprobada. Lo que sí llamó la atención fue la reacción, no sólo de ambientalistas y opositores declarados, sino que también de algunos ciudadanos de Coyhaique y de la Región de Aysén: tranquilos ganaderos, comerciantes y emprendedores, quienes vieron en la resolución una traición, una ofensa y un peligro para su propia imagen y orgullo regional, respondiendo de manera similar a agitadores y manifestantes urbanos.

 Aquello no debiera sorprender  si lo vemos de la perspectiva de las marcas y de la identidad. Aquí no estamos hablando de la cantidad de represas a construir, o de la envergadura del proyecto hidroeléctrico, estamos hablando de la Patagonia, un símbolo, un ícono, un conjunto de características valorescreencias en torno a una zona y sus habitantes, y una imagen que evoca entre chilenos y extranjeros emociones y sensaciones de naturaleza extrema, aventura y libertad.

Inspirado o no, influenciado o no por campañas millonarias y trabajo efectivo en terreno de organizaciones y ambientalistas, este conjunto de características asociadas a la Patagonia encontró tierra fértil en autoridades, organizaciones civiles y ciudadanos de la Región, así como en muchos chilenos, que han simpatizado con la causa anti represas sin jamás haber puesto un pie en el lugar ni saber dónde quedan los ríos Baker y Pascua. Ante el llamado a defender la Patagonia, todos ellos acuden sin cuestionamientos.

¿Por qué ocurre esto? Simple. Las represas no son parte de la identidad que se ha construido y de la imagen que hemos forjado de la Patagonia, y para que una empresa se establezca en ella requiere bastante más que cumplir con procedimientos administrativos, someterse a una normativa ambiental, entregar financiamiento a uno o varios proyectos de desarrollo regional o subsidiar la electricidad a sus habitantes. Va más allá ser un buen ciudadano y una compañía responsable.

Si bien existen beneficios importantes, éstos competen al mundo de la razón y no al de las creencias y las emociones. Las audiencias no están preparadas a incorporar centrales hidroeléctricas en su idea de Patagonia, no sin de paso, destruir la identidad y el sueño que se ha forjado en torno a  ella.  Ésta será la mayor lucha que, en el futuro, deberá emprender  la Generadora Hidroeléctrica de Aysén, cuyo nombre -HidroAysén-, es un ejemplo más de esta desvinculación.


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